El voladero de las luces gays: la antihomofobia en Tony Esbelt

Este es un articulo, reproducido aqui, del colectivo Disidencia sexual (CUDS) en su revista virtual. Muy pertinente en cuanto a la ridiculización de la homosexualidad y lo más reprochable, más allá de echarle la culpa al humorista que no es sino el sintoma, es el tipo de humor que pide el publico, o sea el tipo común y corriente. Eso eso que debe llevanos a reflexionar como mirar(nos) en cuanto a sociedad que de manera anónima estigmatiza y encasilla a las personas.

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28 Febrero 2011 Escrito por Epidemia Por estos días se ha generado una gran polémica en torno a la participación del personaje Tony Esbelt que encarna el humorista Mauricio Flores en el Festival de Viña del Mar, certamen que bien sabemos, es uno de los símbolos más representativos de la cultura popular chilena gestada en dictadura: modelos, artistas y animadores buscando sus quince minutos de fama, galas que intentan ser lo más cercano posible a Hollywood y un aparataje mediático tratando de ocultar los supuestos problemas reales y contingentes del país en lo que es el principal ‘voladero de luces’ y acción de interrupción mass media del verano. Una noche antes de la aparición en escena del personaje Tony Esbelt, fue criticado Oscar Gangas por su humor de corte “chabacano”, vulgar e incluso homofóbico con el que pudo dominar al voraz mounstruo para que luego llegara la presentación de Mauricio Flores y uno de sus personajes estrella. Tony Esbelt es la ‘loca’ gritona, el personal trainer de ropa fosforescente, obviamente rosado, hiperfeminizado y sexualizado, que sigue sin vergüenza a cuanto ‘hombre’ se cruce en su camino. tony-esbelt Esta figura de una homosexualidad vulgar y quizás mounstrosa fue la que alteró a la “homosexualidad de Estado”. Muchos grupos LGBT y personas cercanas a ellos han acusado de “homofóbica” la rutina por no ser “efectivamente rutinas que lejos de reírse “de” los gays, garantizaran reírse “con” los gays y con toda la población”1. Uno de los personajes gay más destacados de la TV chilena, Jordi Castell, declaró “Si me enojo porque un humorista se ríe de los gays, enójense amantes, borrachos, curas, gangosos, mujeres, carabineros y niños”.2 Sin embargo, el problema no es Tony Esbelt y su burla a la loca peluquera y chillona; el problema es la negación de esa loca para una homosexualidad estetizada, neoliberal y que busca legitimarse desesperadamente. Porque el personaje se posiciona desde un lugar que representa ese otro que nadie quiere ser, con el que todos evitan sentirse identificados y que por ende puede ser objeto de burla. Porque esa “loca”, esa “pasiva” no representa los ideales de la homosexualidad de clases acomodadas, por lo cual personajes como Castell o Passalacqua pueden reírse, ya que no refleja en absoluto el éxito de la vida “gay” fuera del clóset. Tal como nos reiríamos de un “Peñe Teñe”, de un “Clemente” o cualquier personaje que no represente los éxitos del discurso heteronormativo, blanco, cristiano y urbano (entre otros) que imperan en nuestra sociedad arribista, que día a día se “blanquea” e intenta “mirar hacia el futuro”. Lo anterior no significa que la solución pase por defender y esconder los excesos de una representación homosexual obscena (quizás incómodamente local) en el clóset, este gesto de censura significa continuar anulando y acallando lo problemático de una identidad homosexual que quiere dejar de ser minoría: no hay que defender al homosexual, tal como se nos obliga a hacerlo con las mujeres “maltratadas”. En ese sentido el Movilh y otros grupos LGBT chilenos, no hacen más que continuar la idea de la victimización, protección y sanitización de los signos “colas” para construir una cultura “tolerante” en torno a la homosexualidad. Y es que es mucho más fácil acusar de homofobia, para así mantener ese lugar de mártires de esta sociedad, y seguir recibiendo ese beneficio que da la homonormatividad, que da el ‘clóset’ en los contextos públicos a través de leyes civiles, antidiscriminatorias y beneficios económicos que da el estado a estas instituciones. Desde la Disidencia Sexual se generan muchas lecturas, muchas subjetividades que penetran en la política sexual y que más que generar respuestas, la Disidencia Sexual instala preguntas, un necesario cuestionamiento ante una naturalización de la cultura homosexual que se autodesigna como la privilegiada y como el modo correcto de ser diferencia. Esta lógica de crítica sexual se contrapone con las exigencias de un sentido común homosexual que exige más propuestas y “soluciones” desde diferentes espacios. Si me preguntan a mí, yo veo una proposición transversal a las diferentes ideas: propongo dejar de ser gay. 1Declaración pública del ‘humor gay’ http://t.co/EhqIB8b 2 Diario Las Últimas Noticias de Febrero http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2011-02-23&PaginaId=2&SupplementId=65&bodyid=0

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