#NiUnaMenos #25Noviembre

Praxis cotidiana contra la violencia machista

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Como Kolectivo Poroto hemos nuevamente, decidido participar en la marcha del 25 de noviembre, “Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer.” El día rememora el asesinato, previas violaciones y torturas, de tres hermanas* y compañeras de lucha contra la dictadura militar de la República Dominicana en los 60’s. Una de las cosas que llama la atención es que la fecha se acuerda en el año 1981 en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe.

El sentido de la marcha para nosotros tiene un elemento vital, esto es, preguntarnos ¿es posible hacer algo con la
violencia que ejercemos? El Patriarcado crea asimetrías relacionales que otorgan roles, mandatos y especificidades generalizadas que garantizan y defienden privilegios masculinos o que se vinculen con lo socialmente asignado a él. Un sistema cuna de todas las opresiones y violencias, las cuales han sido construidas sobre el cuerpo de las compañeras. Estos privilegios nos otorgan ventajas patriarcales, que en la cotidianeidad derivan en prerrogativas en tanto ejercicio de poder respecto de otrxs.

2511_3Vale mencionar, que sumado al patriarcado, operan distintas estructuras que también jerarquizan las vidas. Las brechas aumentan cuando se observan otras capas, con lo cual vemos que la dominación teje una red con cuerdas hechas en base al género, etnia, clase, edad, entre otras.

Los dividendos patriarcales, ventajas, asignan a la masculinidad prerrogativas en tanto ejercicio del poder respecto de otrxs. Podríamos preguntarnos ¿qué tiene que ver esto con la violencia? Algo que hemos podido observar, es que cuando el poder es cuestionado entonces emerge la violencia en defensa del caldo patriarcal del que solo beben los varones. De esta manera, cualquier desafío a los privilegios tiene como consecuencia el ejercicio de esta. Y es que hay un tema con el poder y pisar la tierra de lo masculino. Pareciese ser un tema que nos cuesta asumir por lo que se encuentra en juego. Son altos los riesgos y la pérdida de aquellos es significante.

Hemos resuelto hacernos preguntas pensándonos “partícipes” de la dominación masculina, ya sea pensándola, viviéndola y sintiéndola. Pensarnos como “hombres nuevos” nos da vergüenza. Así y todo, tomando como premisa la honestidad en nuestro quehacer, y sin tener certezas, creemos que es dable alcanzar algunas nociones del cómo enfrentar/nos, a fin de avanzar hacia la transformación social.

(*) Hermanas Mirabal

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Encuentro latinoamericano de varones antipatriarcales 2017 será en Santiago de Chile

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El próximo ELVAP 2017 sera en Santiago de Chile

Queridxs les queremos contar que como Kolectivo hemos participado en varios Encuentros Latinoamericanos de Varones Antipatriarcales en el territorio de Argentina. Han sido tremendas experiencias para los distintos compañeros que han tenido la posibilidad de asistir durante varios días a conocer(nos), compartir(nos), trabajar(nos), disfrutar(nos) y generar co/constructivamente perspectivas de transformación en lo cotidiano teniendo en cuenta nuestra posición de privilegios en sociedades patriarcales. Hace pocas semanas, 2 de nuestros porotos estuvieron en Córdoba para el V Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales. Nos contaron que fue una linda vivencia junto a más de 400 varones provenientes de los territorios de El Salvador, Uruguay, Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina y Chile.

El último día, y en la plenaria de cierre del encuentro, los porotos asistentes se comprometieron a preguntar al resto del kolectivo, y cuando volvieran a Santiago, acerca de la posibilidad de organizar del VI ELVA en el territorio de Chile.

En nuestra jornada de mitad de año, y también en la pasada asamblea, dimos la discusión y hemos decidido dar curso a éste proyecto.

Estamos “tranquilos/nerviosos” con la decisión debido a que es un gran desafío. Sin embargo, confiamos en que éste trabajo será de ejercicio práctico en la relación que vamos forjando como kolectivo hacia esos “otros vínculos.”

Si desean participar escríbannos a kolectivoporoto@gmail.com

Saludos Antipatriarcales!

Porque las mujeres abortan #YOMARCHOEL25

Coordinadora Feminista en Lucha
Afiche: Coordinadora Feminista en Lucha

Las luchas del movimiento feminista y de mujeres por condiciones de real autonomía ha posibilitado, dentro de márgenes aún muy intervenidos por los poderes fácticos – medios de comunicación, iglesias y el estado – esta conversación social.

Mucho más allá de la restrictiva discusión que la institucionalidad han instalado -en torno a un proyecto de ley que despenaliza la interrupción del embarazo en tres casos específicos- existe una amplia gama de actorxs sociales que con menos visibilidad y tribuna, señalamos con énfasis y convicción que el aborto libre, seguro y gratuito es un derecho de las mujeres. Una decisión basada en la autonomía que ellas tienen sobre sus cuerpos.

Esta es y ha sido una lucha histórica del movimiento feminista y de mujeres. Asimismo, la búsqueda de un avance real en la plena emancipación de las mujeres requiere que los hombres seamos conscientes de nuestra condición de sujetos privilegiados y caminemos, desde la deconstrucción permanente de la masculinidad hegemónica, heteropatriarcal y machista, hacia una comunidad basada en la equidad efectiva entre lxs sujetxs.

Frente a la decisión de abortar, los hombres tenemos la oportunidad de comprender varias cosas:

  • El aborto debe ser libre, por cuanto más allá de cualquier consideración y circunstancia, son las mujeres quienes deciden si gestar o no hacerlo, sin que por esto el estado las penalice y/o encarcele.
  • El aborto debe ser seguro, garantizándose condiciones dignas para realizar un procedimiento que afecta la salud física y psicológica de las mujeres, sin miedo a ser denunciadas.
  • El aborto debe ser gratuito porque hoy miles de mujeres empobrecidas sufren abortos clandestinos, e incluso la muerte, mientras aquellas que pueden pagarlo, acceden a este procedimiento sin mayores complicaciones.
  • El derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo debe prevalecer sobre el derecho de los hombres a la paternidad: no es lo mismo vivir el embarazo en el propio cuerpo, que no vivirlo.
  • El rol de los hombres, desde cualquier ámbito relacional, debe ser de apoyo y respeto a la autonomía de las mujeres en la decisión sobre sus cuerpos y voluntad de gestar o no, cuándo y con quién hacerlo.
  • El silencio y la neutralidad nos hacen cómplices de la violencia estatal que viven las mujeres en torno a la penalización del aborto (hijos/as no deseados, abortos clandestinos e inseguros, estigmatización social, encarcelamiento, muerte).
  • Los hombres debemos asumir nuestra responsabilidad en la sexualidad y la prevención de embarazos no deseados, con prácticas sexuales consentidas y métodos anticonceptivos (preservativo, vasectomía).
  • Reivindicamos acciones de política pública: educación sexual, acceso universal a jardines infantiles, anticonceptivos gratuitos, fomento de conciliación laboral-familiar para mujeres y hombres, permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles, y por supuesto: aborto libre, seguro y gratuito.
fuente: http://www.radiovillafrancia.cl/convocan-a-la-2da-marcha-por-el-aborto-libre-seguro-y-gratuito-yoabortoel25
foto: Radio Villa Francia

A diferencia del estado y las instituciones que han constreñido la soberanía de las mujeres sobre sí mismas, desde el movimiento social, feminista y de mujeres debemos ir más allá. Podemos plantearnos desde lógicas diferentes, desafiando lo establecido, en un marco de  acciones políticas situadas y comprometidas con el aborto como decisión soberana de las sujetas sociales que, por las razones que sea, no desean gestar.

Como kolectivo de hombres que desde hace diez años trabajamos en la militancia social con el fin de erradicar el modelo hegemónico heteropatriarcal, denunciamos y combatimos toda forma de violencia y discriminación de género, material o simbólica, en el espacio privado o público, y somos claros en reiterar nuestro apoyo a la demanda de que en Chile exista reconocimiento pleno de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, entre ellos el aborto libre, seguro y gratuito.

Porque las mujeres abortan #YOMARCHOEL25.

fuente: http://www.lapatilla.com/site/2013/07/26/unas-5-000-personas-marcharon-en-chile-por-el-aborto-libre/
foto: La Patilla

Chiloé nos duele

Las palabras a continuación las escribe uno de los nuestros, y nos comparte este testimonio, que representa nuestro sentir más profundo, Chiloé nos duele, y por eso exigimos.

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Desde hace ya muchos años, la Industria salmonera llegó a Chiloé para quedarse con el borde costero del mar chilote, con el mar interior y sus canales. Esta llegada transformó no sólo la estética de los mares y las playas; trasformó también la vida de las familias de Chiloé, la forma de trabajo, el tiempo, la cultura la solidaridad, la minga, la forma de vestir, de comer, de juntarse, la forma de ser un pueblo con cultura.

Esta transformación fue acumulando toneladas y toneladas de desechos tóxicos, de nutrientes, de proteínas, de antibióticos, de tinturas, plumavit, petróleo, bolsas y más alimento para pescado.

Al cabo de 30 años el mar colapsó, desaparecieron los peces, se incubaron todo tipo de algas y microalgas, el mar subió de temperatura y se fue quedando sin oxígeno.

Hace unos cinco años atrás, el biólogo Hector Kol en un encuentro en la ciudad Castro anticipó este colapso, señalando, en esa oportunidad, que la gran contaminación que producen las salmoneras en algún momento afectará la densidad del Agua y la vida del mar.

Las autoridades chilenas de los últimos gobiernos, las autoridades locales, los representantes políticos del archipiélago de Chiloé, han promovido y alentado este tipo de desarrollo industrial. Una industria altamente contaminante que no otorga bienestar a sus trabajadores, ha  instaurado como práctica los  contratos temporales, la inestabilidad laboral, el pago de sueldos bajos y precarios.

Los/as dirigentes/as de gremios salmoneros tienen como representante a Felipe Sandoval, quien el año 2001 fue subsecretario de pesca del gobierno de Ricardo Lagos, por lo tanto es un personaje de gran influencia en el mundo político y parlamentario de la nueva mayoría.

A comienzo de este año, se inició una gran contaminación de los salmones en todo el sur de Chile, contaminación producida por un boom algas nocivas.  Se habla de miles de toneladas de peces muertos, los que luego entraron en proceso de descomposición en las jaulas sobrepobladas donde los mantienen.

Estos peces putrefactos y contaminados fueron botados y depositados en distintos lugares del mar de Chiloé. Dirigentes de la pesca de Dalcahue, vía Ley de transparencia  han solicitado se entregue la georreferenciación de los lugares que se usaron para dejar esta mortandad. Su sospecha es que esta gran contaminación es la que está provocando marea roja, que varen Ballenas al sur del archipielago, al igual que machas en las playas de Cucao, trayendo consigo la muerte de innumerables aves de las costas.

Las consecuencias negativas de la contaminación del mar tienen un gran impacto en la vida de los trabajadores y las familias de Chiloé. Miles de pescadores, recolectores, macheros y mariscadores sin posibilidades de encontrar sus productos, miles de comerciantes y ferianos que no tienen que comercializar, familias de recolectores que no encuentran el alimento diario en las costas y playas, el alimento y sustento diario está contaminado.

Los/as trabajadores/as del mar, han exigido que el gobierno declare esta zona como una zona de catástrofe. El gobierno ofrece un bono de cien mil pesos. Las autoridades políticas sentadas en sus oficinas no comprenden lo que es para los habitantes del archipiélago de Chiloé que el mar esté contaminado, no comprenden que el mar no sólo es el lugar de trabajo, sino una parte fundamental de toda una cultura.

Las autoridades políticas incluidas las locales, buscan apaciguar este conflicto, sin embargo lo que se siente en las calles de Chiloé  es una  sensación que no la aplacarán con un bono, porque ya se ha advertido que las industrias  neoliberales no traen trabajo de calidad, sino sometimiento; no traen sueldos dignos, sino sueldo mínimo; no trae estabilidad laboral, sino trabajo temporal.

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Por otra parte, se siente el cansancio de convivir con una industria que ha contaminado y ha producido una  acumulación criminal de toxinas que ha empeorado y empobrecido la vida del archipiélago, aniquilado su diversidad y hecho desaparecer especies y tipos de peces.

Cansancio de autoridades políticas que han sido financiadas con las platas de los salmoneros, que han hecho vista gorda a todo este actuar de la  industria.

Es el momento de comprender, que el desarrollo que ofreció el modelo neoliberal está sustentado en el desprecio de los/as  trabajadores y trabajadoras, del medio ambiente, del mar, de la cultura chilota.

Hoy que estamos enfrentando una crisis que afecta la vida de las personas, su trabajo, sus fuentes laborales, la alimentación, la cultura y la salud pública, es importante no quedarnos en el interés particular de cada colectividad y empujar hacia una mirada de todo el Archipiélago de Chiloé y el sur de Chile, construir nuestras propias respuestas ya  que el estado y sus autoridades no han sido capaces de garantizar el bienestar para el archipiélago.

En este momento, en 14 puntos del archipiélago hay barricadas encendidas, se están organizando ollas comunes, las comunas están paradas o funcionando a media máquina, el pueblo y los habitantes de Chiloé se han movilizado en apoyo a los trabajadores y trabajadoras del mar, se han levantado de su comodidad para defender el mar y su cultura.

Por lo tanto exigimos de las autoridades nacionales:

– Realizar un estudio serio de las condiciones del mar de Chiloé, para determinar de ahí en adelante el funcionamiento de la industria salmonera y las condiciones para que esta funcione.

– Que a partir de los resultados de este estudio, la industria salmonera pague por los daños producidos y compense a los habitantes del archipiélago.

– A partir de este estudio se identifique  cuantos años el mar de Chiloé estará  contaminado y desde ahí se calculen compensaciones y bonos a todos  los afectados, pescadores, mariscadores, orilleros, feriantes, vendedores, tripulantes y a los consumidores de Chiloé

– Que  los bonos y compensaciones ofrecidas por el estado chileno sean en platas frescas de las arcas fiscales y no de los fondos regionales.

– Que se haga presente al territorio chilote, una autoridad competente que escuche a los vecinos que hoy mantienen el control del territorio insular.

Pensar en un Chiloé sin salmoneras, sin mineras, con una cultura campesina fuerte y un mar prospero para  los pescadores, con educación, salud pública y sin puente es nuestra tarea política de hoy.

DESDE CASTRO MOVILIZADO.

Pescadorxs, orillerxs, ferianxs, alguerxs, trabajadores y trabajadoras, dueñas de casa, jóvenes, vecinxs de Castro.

Antofa florida

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Viernes, de madrugada partimos en dirección al aeropuerto, destino Antofagasta. Es la primera vez que viajo para una actividad así y siento algo de nervios. Pancho y yo, llegamos a eso de las 8 y tanto de la mañana al aeropuerto Cerro Moreno. La aridez se impone en su magnitud. Adormilados compartimos sobre nuestra llegada a nuestros compañeros, quienes nos soplaban a kilómetros de distancia cariños y buenas vibras en la iniciada experiencia.

Arriba del taxi que nos llevaba a la casa de los compas que nos recibirían, compartimos palabras con el hombre que sudaba descontento con la gestión de la ciudad. Mi mirada recorría el mar, el cielo y la tierra seca. La brisa marina me conectó con nuestro conductor. ¿Qué tal la relación con los migrantes en la ciudad?, pregunté. En breve, las palabras que salieron de la boca del taxista estremecieron la comunicación, recio dijo “Mientras no se metan conmigo o mi familia, no pasa nada; si las cosas cambian, saco la recortada.” En medio del silencio, perplejos ante tales afirmaciones, el desconsuelo se impuso. Sabíamos de manifestaciones de antofagastinxs hechas valer un tiempo atrás, en pie firme por la exaltación de la patria, la xenofobia se huele en las sociedades patriarcales, en un territorio marcado por la dominación del capital angloamericano de los recursos minerales y portuarios en complicidad con la burguesía y la clase política local.

La actividad minera ha construido brechas socioeconómicas importantes en la población antofagastina. No es difícil constatar la marcada división entre el norte, centro y sur de la ciudad. La pobreza se hace menos tangible hacia el sector sur, donde el Colegio Antofagasta International School es rodeado por automóviles lujosos que retiran a lxs niñxs del lugar, marcando simbólicamente, el límite de la ciudad y la opulencia.

Instalados en el lugar que nos brinda cobijo, nuestros compañeros anfitriones nos reciben con un rico desayuno y una buena conversa que nos da pistas del modo de vida en la ciudad.

Convocados por la Agrupación Fractal, nos dirigimos a mediodía a la Villa Oasis, población ubicada en los cerros del sector norte, cerros donde se dibujaban las palabras “cristo vive”, en conmemoración de la visita del Papa Juan Pablo II al asentamiento nortino. Hito que comprende una figura deformada del rostro del sumo pontífice por las lluvias que se dejaron caer un tiempo atrás en la zona.

El trabajo territorial de Fractal incluye un taller de Fútbol los días Miércoles y Viernes de cada semana, entre otras actividades, el cual se caracteriza por el establecimiento de una alternativa al Fútbol Tradicional, destacando su enfoque intergeneracional, mixto, intercultural y de clase. Es un bello trabajo el que realizan las y los compas. “La Casita” -centro comunitario de Fractal- es un lugar acogedor y de encuentro para lxs niñxs y jóvenes del barrio.

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Invitados a realizar una actividad en el marco del taller de fútbol, la cancha de tierra nos pedía su limpieza, colocar las redes en los arcos, llevar agua para beber y refrescarse, poner el toldo e inflar algunos balones; aquello, era la previa de la actividad. El campamento vecino, emplazado en lo que era un basural, nos da cuenta del surgimiento de tomas y campamentos, donde la ciudadanía no alcanza más que para sus cruentos desalojos.

Facilitamos un juego que comprendía el uso de una tela y una pelota, en el cual todxs lxs participantes sujetábamos un trozo de tela y en un esfuerzo colaborativo teníamos que desplazarnos de un extremo de la cancha barrial al centro. Nos reímos mucho, la pelota a veces se nos arrancaba lejos, pero en equipo, sin distinción de capacidades, género, etnia y generación, logramos el ejercicio. Incluso un niño nos propuso hacerlo con dos pelotas, costó más, sin embargo los esfuerzos y la coordinación colectiva fueron suficientes para lograr la tarea. Luego, en torno a un círculo nos agrupamos, comentamos entre todxs la experiencia. “Trabajamos en equipo”, “nos comunicamos” y “nos escuchamos”, fueron algunos de las reflexiones a las que llegaron lxs niñxs. La jornada terminó con una divertida pichanga, en la cancha de tierra, donde se requería dar cuatro pases en el equipo para validar un gol.IMG_0283

“Qué buena manera de incentivar el trabajo colectivo”, nos decíamos. Resulta más difícil pero requiere mirar, escuchar y renunciar al protagonismo. Un fútbol alternativo, intercultural e intergeneracional, donde los niños juegan con sus compañeras en un plano colaborativo, subvirtiendo la competencia y el ego/masculino propio del fútbol tradicional. Una que otra conflictividad surge, no está todo resuelto, sin perjuicio de ello, la rebeldía frente a lo normado se hace presente. Leyla, de la agrupación Fractal y facilitadora del taller, nos contó en un espacio grupal, la historia del club Inter de Milán, en la que se permitió la participación de personas de distintos países ante la resistencia nacionalista del club originario, el Milán. Pancho, conocedor enciclopédico de las anécdotas del fútbol, desconocía la historia, asimismo fue mi sorpresa del contenido relatado. Antofagasta, en mis ojos, qué ocultas en tus cerros de tierra, me pregunté.

Siendo Sábado, iniciamos en un grupo mixto de alrededor de 20 personas, sobre los 20 años, el taller de “Fútbol y Machismo.” La primera fase, en dos grupos la tarea era organizarse para jugar fútbol con una escoba y una pelota de papel. Luego de la sesión corporal, la conversa. “Jugar contra una mujer en un principio hizo que pensara en ser cuidadoso”; “Cuando elegían lo equipos de fútbol siempre me dejaban al final y me sentía mal”; “Soy fotógrafa deportiva y en una oportunidad unos jugadores de un club me mandaron a lavar los platos”; “Como soy buena jugando a la pelota me incluyen en los equipos de hombres y me llaman para competir”; “El Fútbol es la vida misma, quiero un fútbol inclusivo, donde juegue una persona con muletas al lado de una que no”; “Cuando tomé la escoba quise ganar.” Compartir las experiencias para luego reflexionar en torno a ellas nos entregó perspectivas orientadas a un cambio.

IMG_0211En sincronía colectiva, donde cada cual aportó con alimentos y bebestibles, compartimos un rico almuerzo en “La Casita”. Organizadxs para las tareas de limpieza, volvimos a retomar el taller. El segundo momento solicitaba el diseño de actividades que generaran alternativas al fútbol tradicional, con o sin pelota. Las y los compas, propusieron ligas de fútbol interbarriales abiertas y sin discriminación, obras de teatro sensibilizadoras en torno al sexismo futbolero y campañas despatriarcalizadoras en torno al fútbol tradicional.

La sesión terminó con un plenario final, se evaluaron las expectativas iniciales, las experiencias compartidas y una que otra propuesta de trabajo futuro, en torno a la relación con ellxs mismxs, con los otrxs y con el entorno. Cuestionar/se, compartir/se e incomodar/se fueron las claves comprendidas en el grupo. Algo pasó en algunos hombres, quienes desde hace un tiempo ven la necesidad de juntarse a conversar/se. Algunos de ellos se motivaron y piensan en formar un grupo pequeño con quienes quieran participar.

Finalmente, la Agrupación Fractal en conjunto a Cine en tu Cancha, proyectaron “Historia de un Oso” y “31 minutos: La película.” Con uno que otro dilema técnico, se aprovechaba el tiempo para invitar a participar. Juan, de Fractal, le facilitó el micrófono a un niño para realizar la invitación. “Colombianxs, peruanxs, chilenxs y bolivianxs, las personas del campamento, están todas invitadas a ver la película” dijo.

Antofagasta, tierra de masculinidad minera donde buses llevan a los trabajadores desde las faenas a prostíbulos y schoperías, tierra de polvo tóxico almacenado en galpones en medio de la ciudad, tierra de ejemplo de sociedades de pluridomio, tierra de apariencia del buen vivir, tierra de corazones fríos pese al constante calor, tierra de nefasta política pública… ¿Eres un lugar donde no florece el desierto?

Me atrevo a decir que no. Veo como tu rebeldía alegre brota desde la organización de bases, que apuesta por la diversidad y la horizontalidad, y que reclama la llegada de un mejor ahora.

Carlos Guerrero Munita / Militante del Kolectivo Poroto

Antofagasta, marzo 2016

 

Declaración pública: 8 de marzo 2016, día internacional de la mujer trabajadora

Hemos titulado a esta declaración intentando precisar lo que para nosotros, como varones, implica esta conmemoración. Primero revivir en nuestra memoria la lucha, desde hace siglos, de mujeres por defenderse de las condiciones de dominio y muerte que el sistema patriarcal, a través del machismo y el sexismo, les impone en diversas sociedades. También queremos enfatizar que esas luchas, si bien han logrado modificar algunos aspectos de esas condiciones – las mujeres acceden a la escuela y universidad; acceden al mercado del trabajo; se ubican en puesto de decisión política; pueden decidir sobre su maternidad – la calidad de dichas situaciones está lejana de ser de respeto hacia ellas y seguimos sin reconocer plenamente sus aportes en nuestro país. Todavía quedan en nuestro medio, quienes piensan que celebrar el 8 de marzo es regalar a las mujeres objetos para que cumplan de buena manera los roles que el patriarcado les impone (lavadoras, cocinas, etc.) u ofrecerles espectáculos que invierten el sexismo, ahora con la cosificación de cuerpos masculinos y les tratan – a las mujeres – desde el clientelismo político.

Conmemorar el 8 de marzo como día internacional de la mujer trabajadora, nos desafía a cuestionarnos por las formas en que reproducimos los privilegios que este patriarcado nos otorga a los varones. Asumimos que esos privilegios se sostienen sobre el dominio permanente hacia las mujeres, la vulneración de sus derechos y la obstaculización para que puedan desplegarse plenamente como sujetas. Estos privilegios se fundan también en el dominio sobre varones con menor poder: niños, jóvenes, no heterosexuales, individuos que desarrollan tareas de servicio en la sociedad.

Cuestionar los privilegios implica buscar dejarlos de lado y asumir otras formas de relacionarnos con las mujeres, con otros varones, con nosotros mismos y con nuestro medio social. Esas otras formas, han de poner en cuestión la reproducción de dominios contra las mujeres y permitirnos construir relaciones colaborativas y justas.

Conmemorar el 8 de marzo nos exige ponernos al lado de las compañeras y hacernos parte de sus luchas, las que son corporalmente compartidas y aquellas que aunque no impliquen nuestros cuerpos, requieren nuestra solidaridad. Esto es lo que nos lleva por ejemplo, a reclamar y exigir cambios en los varones para terminar con los feminicidios ¡Ni una mujer menos! También es lo que nos lleva a buscar que se despenalice el aborto, sin necesidad de causales, relevando siempre el derecho de cada mujer a decidir en su cuerpo.

Conmemorar el 8 de marzo, es para nosotros seguir en la lucha por una sociedad igualitaria, es seguir aprendiendo de sus luchas para mejorar las nuestras, hacer realidad el verso y que como sujetxs politicxs, en la calle, codo a codo, seamos mucho más que dos.

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El decir en los hombres

M8No te imaginas la de vueltas que nos hemos dado con los cabros pensando en un planteamiento kolectivo para la marcha del día de la mujer. ¿Qué tenemos que decir este 8 de marzo?, ¿a quién se lo decimos?, ¿de qué forma?, ¿en qué contexto?, ¿sería mejor callar?…

El año pasado hablamos del aborto y del papel de los hombres frente a esto, fueron las reflexiones que salieron del taller “Palabra de Hombre” en torno al tema. En síntesis: “Ellas deciden, nosotros apoyamos y acompañamos”, reconociendo la necesidad de renunciar a cualquier protagonismo y decisión, reconocer/validar la legítima autonomía de cada unx sobre el propio cuerpo, sin hacernos a un lado, sin sacarle el poto a la jeringa, sin hacernos los lesos para quedar de nuevo, cómodamente sentados al margen,  sobre otro privilegio patriarcal.

Alguien decía por ahí: “si, está bueno, pero, ¿de nuevo vamos a decir lo mismo?” Quizás sea bueno profundizar en el decir, en cómo los hombres decimos. ¿Por qué tenemos que decir algo? En más de una ocasión, hemos conversado nuestras dificultades para guardar silencio en una conversación cualquiera, siempre se nos ocurre algo que decir, ¿cuál es la necesidad de ser protagonistas, de ser el centro de mesa o decir la última palabra?

-Ahhh, entonces nos quedamos piola, no decimos nada, pasemos desapercibidos…

-Noooopoh… si se trata de hacerle daño al orden patriarcal, deberíamos tener un posicionamiento, tenemos que decir algo…

Es que la masculinidad hegemónica impone también una manera de hablar, que refuerza los mitos que sostienen las relaciones de dominación patriarcal. Entonces, cuando un hombre habla, habla fuerte, habla como hombre, cuando un hombre dice, no palabrea, no adorna, “dos cucharadas y a la papa”, cuando un hombre dice, lo dice en serio, no es hueveo, es “Palabra de Hombre”, así, con mayúscula, porque los hombres no hablamos desde los sentimientos, sino desde la razón, desde una verdad de la que gozamos por el mero hecho de ser hombres.

En ocasiones más, en ocasiones menos, esta forma discursiva, se acomoda con nuestros resabios machistas, con la fantasía del héroe por ejemplo. Y nos sentimos llamados a sacar la voz, valientemente en nombre de lxs oprimidxs, perdiéndonos nuevamente en otro privilegio,  re/vistiéndonos con capa y espada, frente al dragón adecuado para la ocasión.

Por eso en este 8 de marzo, nuestra reflexión es sobre el decir de los hombres, sobre el uso que hacemos de los espacios discursivos, espacios donde se toman decisiones, espacios políticos en los que ejercemos poder, muchas veces, haciendo callar a lxs compañerxs, instalando significados acerca de lo correcto y lo incorrecto, de lo que hacemos y lo que somos, del cómo nos vinculamos con otrxs.

Creemos importante hacernos un llamado a nosotros mismos, los hombres, desde cualquiera de las masculinidades que decidamos habitar, a entender el lugar que ocupamos, los significados que revisten nuestro ser y los que performamos en nuestra cotidianidad, y por sobre todo, hacernos conscientes, cuestionar los privilegios que ello implica. El uso de la palabra, el tono de nuestra voz y la disposición de nuestros cuerpos.  Cuestionarnos, ¿cuánto de ésto tiene un efecto horizontalizador de las relaciones con lxs otrxs? y ¿cuánto de ésto lo hacemos para mostrarnos, hacernos escuchar, convencer, decidir, imponer una idea, un significado e instalar nuestra verdad?

Qué distinto sería, si el decir de los hombres se bajara del pedestal, si abandonásemos la competencia, la preocupación por quién tiene la última palabra, que en definitiva, es otra forma de preguntarse ¿quién la tiene “más grande”? Qué bonito sería si escucháramos a lxs otrxs con las mismas ganas que defendemos nuestras palabras, si habláramos para cuestionarnos, para aprender más que para enseñar,  co/construir ideas kolectivas.

Sí, creemos que hay que hablar, es más…
hay que gritar, pero gritarse pa’ dentro primero.

Carlos Guerrero Munita y Luis Sáez Avaria

Militantes del Kolectivo Poroto

Tremonhue 2016: ronquidos, chapuzones y trabajo kolectivo

IMG-20160131-WA0007El Cajón del Maipo es siempre un lugar grato para visitar. Hoy, parte de una pugna política y social por la inminente instalación de la central hidroeléctrica (NO) Alto Maipo -que tiene a la comunidad en alerta y dando una lucha que busca preservar nuestros recursos y el patrimonio natural de la zona- fue el entorno que nos recibió para disfrutar de nuestra jornada de planificación porotera 2016.

DSC_1910El agotamiento de la semana laboral, la paternidad y otros asuntos de la vida, no fueron mayores que nuestros deseos de vernos, sentirnos, mirarnos y disfrutarnos. Y así transcurrió el finde… horas de trabajo, reflexión, revisión de lo realizado y proyección de lo que queremos y anhelamos (y para qué) como organización política. Las dinámicas fluyeron, se incorporaron y movilizaron los cuerpos, los sentimientos y las orientaciones políticas del presente y futuro porotero.

DSC_1869Los días y noches nos cubrieron con un manto de aire cálido. Hubo conversas, incentivos para amenizarla y darle otras dimensiones; magia, risas, emoción, juegos, chapuzones, música, baile, narices rojas, caricias, tallas, afecto y confesiones; comida de la buena, ronquidos; la siempre sabia simpleza de un niño… sueño y sueños… siestas para mitigar el primero y espacios para darle rienda suelta a los segundos. Recibimos y entregamos obsequios… materiales y de los otros.

DSC_1833Nuevamente se configuró aquello que se encuentra a la base del quehacer porotero: el fin político de derribar ladrillo por ladrillo el muro de nuestra realidad patriarcal, a partir de cada uno de nosotros, en tanto sujetos, y con el resto, como partes de una comunidad. Darle cuerda a la reflexión para llevarla al cotidiano. Preguntarnos -una vez más y sin temor a que ello varíe y mute en el tiempo- quiénes somos, qué queremos, para qué y cómo hacerlo. Todas preguntas que no rebotan vacías, sino que surgen desde la experiencia individual y kolectiva acumulada en el pasado y el presente.

DSC_1870¿Nuestros logros? Acuerdos políticos grupales, basados en la riqueza de nuestras diferencias, de nuestras contradicciones y tensiones intra e intersujetos, trabajadas desde el sentido kolectivo y hacia la acción social cuyo punto de partida es el sí mismo…

Imagino el 2016 como una olla de porotos SIN RIENDAS. Agradecidos de las sujetas y sujetos que en 2015 apañaron, se interesaron, participaron y nos hicieron participar, nos contactaron, mensajearon, movilizaron, cuestionaron y construyeron vínculos permanentes o temporales con nosotros… esos “otros vínculos” por los que la porotá seguirá su rumbo este año.

Con un apretón de manos el coordinador saliente, Miguel González, le da la bienvenida al coordinador entrante Rodrigo Zúñiga. El coordinador interino Carlos Guerrero, sonríe conforme, ante esta importante decisión.

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KP, 2 de febrero de 2016

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Bowie: estética, provocación y deconstrucción

imagen: http://www.13.cl/espectaculos/musica/las-lecciones-fashion-que-nos-dejo-david-bowie

Este domingo 10 de enero murió el músico, compositor, arreglista y cantante británico David Bowie. Uno más de la pléyade creativa a que nos tienen acostumbradxs las brumosas tierras británicas… Uno que más allá de cuestionamientos de todo tipo, supo conjugar una innegable creatividad musical y performativa; profundidad intelectual y artística que, de la mano del rock pop, nos condujo -tal vez sin buscarlo en los términos teóricos e ideológicos que acostumbramos- por los caminos políticos de la deconstrucción de la identidad y de los modos de ser/estar, a partir de la estética y la creación… De la puesta en escena; más no una escena vacía, en ningún caso un florero puesto sobre una mesa cuyas patas tambalean, sino una reflexiva, hambrienta de provocación en medio de la tan compuesta sociedad inglesa… y posteriormente, mundial. Un sujeto que fue cuerpo y fue mensaje.

Si bien para muchxs la obra de Bowie podría carecer de una intencionalidad política ideológica, en los términos rígidos que solemos entenderla (teniendo claro que no es lo mismo ser David Bowie en Londres, que el “afeminao”, “el raro” o el “maricón” artista de la pobla), sus permanentes cambios y formas de presentar el cuerpo, nos llevaron a pensar en el Bowie hombre, el Bowie mujer, el Bowie homo, hetero, bi o todo lo blablablasexual que tanto nos gusta decir… cualquiera de esas etiquetas que solemos poner, cuales prendas de vestir, en nuestro afán por “sabernos algo”… porque si no nos sabemos “algo”, parece que no somos. Cualquiera de esas, fue David Bowie.

Se dijo bisexual, buceó por las experiencias homoeróticas o derechamente homosexuales, tuvo dos hijxs y dos compañeras afectivas (mujeres) públicamente conocidas… más tarde desdijo su bisexualidad, tildándola de error, o como el producto de un momento y un contexto en que se necesitaba provocar. Da igual, la transgresión fue, y bienvenida. Dirán que fue inconsecuente… a la cresta, por qué buscar consecuencia en aquello que no es inmutable, que es un continuum?

Gracias Bowie por tu “The man who sold the world”; por “Starman”; por tu “Modern love”… y por “Lazarus”, el último de tus temas… por esa delgadez y estética “amariconá”… gracias por darte el lujo de parecer nada y todo a la vez… por poner en jaque a las mentes que estructuramos modos de ser/estar; por ser padre y darnos a conocer a tus dos compañeras…

Gracias, porque con sólo haber hecho que unxs cuántxs nos preguntáramos “bueno, y este, qué diablos es?”… dejaste una huella. Nos llevaste a esos conceptos que muchas veces flotan inertes en ensayos, libros y enciclopedias que “nos definen”.

La próxima vez que me delinee los ojos, lo haré en tu memoria.

Chau, Bowie!

Miguel Ángel González Campos

Militante del Kolectivo Poroto

Privilegios patriarcales en varones jóvenes de sectores empobrecidos ¿cambio o acomodo?

Privilegios patriarcales en varones jóvenes de sectores empobrecidos ¿cambio o acomodo?[1]
imagen: http://laprensaaustral.cl/archivo/realizaran-avant-premiere-de-pelicula-sobre-los-prisioneros/

Klaudio Duarte Quapper, Militante Kolectivo POROTO

Resumen

En este artículo debato las tensiones que hoy están viviendo los varones jóvenes de sectores empobrecidos en Chile, en contextos de cambio y cuestionamientos a los mandatos tradicionales que los modos de relaciones e imaginarios patriarcales han impuesto; la tensión principal se estructura sobre el par cambio o acomodo, esto último para no perder privilegios.

Las búsquedas de alternativas a dichas tensiones han tendido a naturalizar los procesos de cambio, con discursos moralizantes dirigidos a estos jóvenes, con baja densidad en sus horizontes de cambio, con poca claridad en la condición de alternativa que poseerían, todo lo cual produce dudas respecto de su potencial político de transformación.

Desde investigaciones realizadas con poblaciones jóvenes y desde experiencias formativas con estos sujetos, se proponen interrogantes y pistas pedagógicas para contribuir en procesos formativos de sensibilización y concienciación de varones en pos de relaciones equitativas de género. Se busca dar cuenta de las debilidades señaladas y mostrar los caminos que los propios jóvenes han construido en este ámbito.

Palabras claves: masculinidades, juventudes, sectores empobrecidos, privilegios, victimización, rechazo, concienciación, equidad de género.

 

Introducción. Las experiencias desde las que reflexionamos. Lo que contiene este texto.

El presente artículo se ubica en este énfasis de dar cuenta de hallazgos y resultados de procesos reflexivos desde Investigaciones y desde Talleres de acción directa con jóvenes en Chile y otros países de América Latina y El Caribe. Ambas fuentes han permitido nutrir los conocimientos producidos en torno a los procesos  -sus características, dinámicas, sentidos, etc.- que se están gatillando en los mundos juveniles, de sectores empobrecidos, en la construcción de identidades masculinas.

Uno de los elementos de esos procesos que analizaremos en este texto son las interrogantes y cuestionamientos que surgen en torno a la condición masculina y que en los varones jóvenes van produciendo asombro, miedo, malestar, irritación, vergüenza, en convivencia con sensaciones de deseo de cambio, esperanzas, expectativas. Las experiencias producidas y observadas muestran que se desencadenan diversos procesos, algunos implican que estos jóvenes se suman a los cuestionamientos a la condición patriarcal de nuestra sociedad, para otros se trata de una venganza de las mujeres, para otros es el miedo homofóbico el que les lleva a oponerse a cualquier modificación. Se trata de una multiplicidad de reacciones ante estos procesos de interrogación a lo que en ellos se supone natural y dado: la dominación masculina.

Debatiremos sobre los procesos de rechazo, que como una forma de oponerse, los varones jóvenes despliegan de manera latente o manifiesta. Observamos diversas formas de rechazo, nos interesa ir más allá de su descripción y tratar de comprender sus mecanismos de producción y recreación, así como los efectos que se producen en las “movidas”[i] masculinas y en sus relaciones inter género.

La inquietud, a modo de artesanía intelectual en Mills[ii], surge desde la observación cotidiana de las reacciones-reflexiones que manifestaban verbal y físicamente los jóvenes con que nos vinculamos, en la medida que avanzábamos en los procesos de conversación sobre su condición masculina en su contexto societal. Esa observación me llevó a fijar mi atención en los rechazos, en las oposiciones que manifiestan, como hipótesis negativa de aquello que se pretendía lograr, que era verles sumados y “jugados” con la posibilidad de hacerse hombres no patriarcales. Esas reacciones, de rechazo, se planteaban en algunas oportunidades como rabietas, reclamos, bajo la idea de: “¡no quiero perder mis privilegios!”, y a ratos profundizaban en argumentos que cuestionan lo propuesto para interrogar: “¿por qué yo tendría que cambiar?”.

Estas expresividades juveniles masculinas me han llevado a interrogar a los procesos de sensibilización y formación que desplegamos, a las hipótesis desde las que diseñamos nuestras investigaciones y a los imaginarios con que nos acercamos a intentar conocer sus realidades. Por ello abordo las debilidades que a mi juicio presentan estos procesos, que pretenden contribuir a transformaciones de las realidades de estos varones jóvenes de sectores empobrecidos.

Finalizo señalando algunas pistas orientadoras desde la educación popular como desafíos que pueden aportar a la profundización de estos procesos de concienciación con varones jóvenes.

Contexto actual desde las tensiones en la construcción de identidades masculinas

Una de las tendencias que caracteriza a parte de la producción de imaginarios sociales sobre juventudes es la que les concibe de manera esencialista como portadores del cambio social y en el mismo movimiento, como portadores de maldades que corroen a la sociedad[iii]. Estas polaridades, niegan la complejidad de los procesos que las y los jóvenes viven para producir sus identidades, de manera similar como le ocurre a cualquier individuo en sociedad, haciendo que surja como una característica propia de individuos considerados incompletos y en tránsito a la adultez.

En ese sentido es que se vuelve pertinente dar cuenta, a modo de contextualización en este artículo, de alguna de las tensiones que los varones jóvenes están viviendo, a propósito de sus procesos de construcción de identidades en contextos de sociedades que organizan sus economías en torno a modos capitalistas, con economías de mercado sustentadas en ideologías de tipo neoliberal. Ese contexto ejerce alta incidencia en como los varones experimentan sus procesos identitarios, el eje de la presente reflexión es la interrogante por el género en dicho proceso.

Al menos dos aspectos pueden ayudar a elaborar este contexto: la exclusión de la actual fiesta mercantil, que al reproducir condiciones de empobrecimiento no les permite construir sus identidades en base a las características esperadas de masculinidad proveedora, protectora y conquistadora, y sus respuestas con las violencias como dispositivo; y la semitensión que están viviendo los varones, entre modelos tradicionales que imponen mandatos de masculinidades hegemónicas y algunas aperturas que emergen en sus cotidianidades.

Lo que veremos es que el actual contexto lleva a los varones a radicalizar y/o adaptar conductas y atributos propios de la masculinidad dominante en una lógica de adecuación del contexto patriarcal a perspectivas de más y mejor patriarcado.

  • En este contexto no es posible ser bien hombre.

Es relevante considerar aspectos contextuales que son de un orden más global y que inciden en el conjunto de la sociedad, para desde ahí analizar los efectos específicos que producen en varones jóvenes de sectores empobrecidos.

Uno de esos elementos de contexto es que el empobrecimiento se agudiza en nuestro país, lo que se tensiona entre otros factores, por la alta exigencia de consumo opulento que se ofrece e impone, cuestión de la que suelen quedar al margen o sólo pueden participar de manera precarizada[iv].

Lo que se tiende a generar entonces son condiciones que agudizan las expresiones de estilos masculinos hegemónicos. Ante situaciones de mayor empobrecimiento lo que emerge son radicalizaciones de los modos patriarcales por parte de estos varones ante un contexto que niega posibilidades de vivir lo esperado tradicionalmente como fórmula para hacerse hombre. Podemos verlo graficado en la siguiente triada: son puestos en tensión en el rol de proveedor –no cumplen como se espera y exige: “lo que pasa es quiero ganar mi plata para tener a fin de mes con que cumplir mis obligaciones” (Pedro)-; son cuestionados en su condición de protectores –las mujeres han demostrado capacidades para vivir sin varones en ciertos tipos de familias: “ella me amenaza con que se las pueden arreglar sola, que no soy necesario” (Mario)-; y son débilmente considerados en su imagen y tarea de conquistador-reproductor, esto último casi hasta el ridículo: “comenzó a quejarse de que yo no le daba placer y se lo contó a sus amigas” (Sergio).

El modelo transmitido cotidianamente, lo enseñado desde la familia, el colegio, la calle, los medios de comunicación, y otras agencias socializadoras ya no resulta ser tan claro y seguro como se lo suponía. Requiere esfuerzo y una demostración mayor.

Lo que queda como salida a esta situación es buscar otros modos para demostrar la hombría y la virilidad, jugársela con estrategias que den rédito inmediato, aunque impliquen radicalización hasta la caricatura del varón que necesita ser bien hombre o ser bueno como hombre, vale decir que cumple con la triada antes señalada. Bien hombre refiere principalmente al ámbito de la reproducción-conquista hétero normada, y enfatiza en la capacidad de demostración de la hombría como resultado del ejercicio de dominación sobre la mujer pareja; bueno como hombre en tanto, remite a las capacidades de cumplir con los roles tradicionalmente encomendados-impuestos a los varones en los contextos familiares en la provisión del sustento y en la protección del grupo[v].

En ese movimiento las violencias constituyen alternativa, como ejercicio reafirmador y aportador de estatus para enfrentar las dificultades mencionadas. Vale decir, ante la imposibilidad de vivir a plenitud lo esperado socialmente, lo mandatado desde la masculinidad hegemónica, se busca resolver dentro de esa misma matriz a través de la radicalización de uno de sus componentes centrales: el ejercicio de dominio y control sobre los que se consideran más débiles –mujeres, niñas y niños, y hombres de posición de prestigio menor en cierta grupalidad-. Cuando es ejercida contra mujeres, si bien se mantiene la violencia física y la agresión material -“me dieron menos paga a fin de mes, me embronqué, llegué a la casa y me desquité con mi negra; la llevé a la cama y me saqué la rabia” (Pablo)-, a ella se han sumado otras formas que son significadas como sutiles y menos evidentes –“no pasó nada (con ella), sólo le di una tocadita a la pasada” (Arturo); “pero si ahora uno les dice un piropo y se enojan, ya luego no vamos a poder decir nada” (Alberto).

De estas formas se reafirma aquello que no puede sostenerse en el cumplimiento de las tareas esperadas socialmente. Porque aunque las mujeres tengan hoy más años de estudio que sus madres y abuelas, participen más que años atrás en la fuerza laboral, ocupen cargos públicos importantes, entre otras expresiones de mayor presencia en las cuestiones públicas y de mayor acceso a bienes y medios de decisión, la condición de dominio masculino se está reinventando y en eso, nuestros jóvenes son los que muestran los nuevos caminos de esas actualizaciones.

Las violencias se han radicalizado en su materialidad y corporalidad cuando ocurren entre varones. Aquí ya no es suficiente la agresión simbólica, ahora se requiere la sangre del enemigo, su muerte física, no basta su feminización. Ejemplo claro de estas situaciones son las guerras a muerte entre pandillas, barras del fútbol o grupos de barrio que desean marcar territorios –“eran ellos o nosotros, no importaba tanto el resultado del partido (de fútbol), sino que no podíamos ser menos en la calle” (Mario)-.

Las relaciones entre varones, los modos de construcción de identidades en el grupo de semejantes, lugar vital para la socialización masculina, se siguen sosteniendo sobre el temor al otro como varón que recuerda la imposibilidad y negación de la homosexualidad, la cosificación de las mujeres y la conquista de la calle, entre otras formas. Se reafirman construcciones más vinculadas a las lógicas tradicionales patriarcales que a nuevas formas de hacerse hombres en el contexto actual.

Es preciso considerar que hoy este ejercicio de violencias es mal visto: una de las características del cambio epocal es la deslegitimación de la agresión y el abuso por condición de género en ciertos sectores de la sociedad y que incluso la política pública lo ha hecho tema de debate. Esto no necesariamente implica que estemos desplegando como sociedad estrategias para reeducar en este sentido, ni para inhibir y menos para erradicar.

Explicitación de violencias y sutileza –lo simbólico- aparecen mezcladas e instaladas en las cotidianidades juveniles masculinas. Son el soporte que permite sobrevivir en períodos de alta exclusión.

  • Hombres jóvenes: entre tradición y alternativa

En los sentidos manifiestos y latentes del discurso que en la actualidad encontramos en los jóvenes de sectores empobrecidos, se configura una clara tensión en sus procesos de construcción de identidades, que los tiene a medio camino[vi] entre modos relacionales centrados en las lógicas patriarcales –lo tradicional- y modos que apuntan hacia relaciones de género equitativas –lo alternativo-. Como una constante mezcla de continuidad y cambio se manifiestan estas posturas.

Por una parte, emerge un discurso –como síntesis de sus experiencias- cuando los varones jóvenes son puestos en situación y se les obliga a tomar opciones en las cuales requieren validar su condición masculina. En dichas situaciones se ubican en las perspectivas aprehendidas en contexto patriarcal, y evidencian el apego a esta racionalidad como refugio para argumentar las prácticas concretas que desarrollan: “a mí me gustan las mujeres jugadas en la cama, pero si tienen mucha iniciativa me da desconfianza” (Leo); “Es bueno que ella trabaje y aporte a la casa…, pero no sería bueno que ella ganara más…, después quieren mandar” (Luis).

Pero este apego al refugio se da fundado en ciertas racionalidades, se sostiene por ejemplo, sobre la naturalización de la condición patriarcal, sobre una suerte de fatalismo político que niega posibilidades de cambio, sobre la no modificación de las asimetrías de poder, casi diciendo: “es lo que hay”, “siempre ha sido así”, “así nos enseñaron”…

Por otra parte, en esta tensión se manifiesta otro discurso, que critica algunas concepciones patriarcales tradicionales: la noción de superioridad masculina como una cuestión natural; que existan roles diferenciados jerárquicamente según sexo; la imposibilidad de que las mujeres accedan a labores típicamente consideradas masculinas; la subordinación femenina en diversos ámbitos; entre otras.

Dichos cuestionamientos alientan a suponer que hay vientos de cambio con sentido, de posibles alternativas a los modos patriarcales de relación. Vale decir, los varones jóvenes –en contexto de incerteza y exclusión social- configuran discursivamente perspectivas de cambios posibles. Manifiestan una capacidad: la de darse cuenta de que las mujeres son víctimas de condiciones sociales que las discriminan. No estoy diciendo que los jóvenes en ello se planteen cuestionando relaciones de poder, ni dominación estructuralmente condicionada, ni responsabilidades masculinas en su reproducción, ni siquiera una mirada autocrítica respecto de sus propias formas de relación. Lo ubico más bien en el ámbito de la intuición masculina joven: “es mala onda esto de que las mujeres sean tratadas como inferiores a nosotros” (Pedro), es más, pueden agregar, “esto no debería ser así”. Es decir, reconocimiento y constatación. Quizás una manifestación de sensibilidad en torno a lo que no les agrada y que no les pasa inadvertido.

Sin embargo, los varones jóvenes chilenos, que presentan discursos con contenidos de sensibilidad ante las situaciones que afectan a las mujeres, no necesariamente muestran la misma capacidad para interrogarse o cuestionarse respecto de las relaciones entre varones, así como respecto de las situaciones sociales que les afectan y que podrían ser comprendidas como efectos de las condiciones patriarcales de nuestra sociedad[vii]. Al parecer a ese ámbito de sus vidas o de la vida social no han llegado estos vientos de cambio: “esto es problema de mujeres”.

Entonces, ¿por qué cambiar? Es más, pareciera que la tendencia de resolución de esta tensión, este medio camino es más bien que no se puede cambiar. Existe la disposición, “el ánimo de ser distinto” (Luis), “yo se lo que pasa” (Víctor), pero las fuerzas naturales y tradicionales resultan ser más fuertes e impiden sostener en acciones concretas aquello que se dice.

Lo que sí resulta, es mantenerse con discursos que construyen realidades, pero que poco importa si no son coherentes con los modos concretos de actuar juvenil masculino pues quedan validados en y desde el habla. Se trata de construcciones discursivas que van en la línea de la mentira y su uso en el proceso de construcción identitaria masculina, concebida ella como aquel mecanismo propiamente masculino utilizado para resolver cuestiones de competencia, en que “lo que se dice, construye a quien lo dice”, por lo tanto es posibilidad cierta de consolidación de imagen masculina viril y al mismo tiempo, fuente para el necesario reconocimiento y validación en el medio[viii]. Aparecen como simulacros de cambio, amagues a lo alternativo, guiños a la transformación.

Si estos modos son coherentes con la socialización recibida, y además permiten resolver en lo inmediato la exigencia de hacerse hombre de la manera esperada y aceptada socialmente, entonces, ¿por qué cambiar?: “oiga yo no quisiera ser así, pero…, estamos obligados a actuar así” (Pedro), “¿por qué me cuestiona, así me enseñaron” (Pablo).

De esta forma se termina construyendo más y mejor patriarcado en que las posibilidades de cambio no aparecen con nitidez en el horizonte. Los privilegiados se nos muestran ahora incorporados-integrados en las lógicas de lo esperado.

Hombres víctimas o estrategias para compensar privilegios

En Chile, desde ciertos discursos masculinos ha comenzado a emerger un tópico que refiere a la condición de víctimas que los hombres sufrirían, a partir de  las exigencias que el modelo de dominación masculina impone para ser como dicen que se debe ser. –“yo después me siento mal, y puchas digo por qué lo hago, si a mí también me duele” (Álvaro), “a las finales los dos somos víctimas” (Mario).

Desde esta racionalidad, la condición patriarcal de nuestras sociedades actuaría tanto en varones como en mujeres, produciendo modos de dominación que incidirían en ambos, de manera tal que los varones también tendrían costos que pagar. El principal costo se refiere a que, en tanto la masculinidad es una construcción pauteada socialmente desde la exigencia y la competencia por demostrar hombría[ix], ello implicaría que los varones han de negar ciertos ámbitos de sus relaciones, deseos y planteamientos para conseguir la estatura de varón que los mandatos tradicionales establecen: “yo he querido ser más demostrativo, cariñoso, atento, pero no me sale,… hay algo que me dice que eso puede ser mal visto” (Luis).

Mirado desde un campo de sus vidas, el de las sexualidades, hemos propuesto en otros textos que la exigencia patriarcal termina transformándose para las y los jóvenes de sectores empobrecidos en la construcción de corporalidades caracterizadas por cuerpos enajenados, cuerpos castrados sin placer y cuerpos poderosos que permiten ejercer dominio. Lo anterior centrado en la negación de un conjunto de posibilidades eróticas y de ternura[x].

Como ya señalamos, conseguir ser bien hombre o ser bueno como hombre, exige renuncias o imposibilidades, dadas las exigencias de fortaleza, inteligencia, control, dominio, entre otros atributos[xi]. El refuerzo de esta renuncia viene dado por la exaltación de un estilo de cuerpo centrado en el aguante y la fuerza, como se señaló, para ejercer dominio; “a las finales no podemos ser menos, no podemos aparecer derrotados, hay que seguir hasta morir” (Pedro).

Esta renuncia les constituiría como víctimas, porque producen dolor y limitan significativamente el despliegue de capacidades humanas vitales como el encuentro, la colaboración, la solidaridad. Ser macho, hacerse hombre en contextos de patriarcado exige renuncias que implicarían dolores. Los varones jóvenes que se cuestionan esta situación señalan como ejemplos la negación de afectos entre hombres por los límites que impone la homosexualidad, como lo abyecto que no debe ser sobrepasado (Fuller, 2002), ó la no demostración espontánea de afectos con sus parejas mujeres o con hijos/as, pues una marca de la virilidad buscada es la rudeza y el cumplimiento del rol protector: “lo que los demás dicen de uno, como que obliga a comportarse así, a hacerse el machito” (Mario).

Y por ejemplo, mal se lee a Bourdieu[xii] diciendo que tal como él señalaría la dominación masculina es también contra hombres, lo que de inmediato nos convertiría en sufrientes. Esta mirada que se va convirtiendo en imaginario de la disculpa y en el mismo movimiento de la victimización, aparece en las hablas juveniles “entonces esto del machismo nos afecta a los dos” (Álvaro); “yo creo que somos tan víctimas como ellas e incluso de repente más” (Pablo). Uno de sus efectos es que a mi juicio, actúa inhibiendo las posibilidades de transformación de las relaciones hasta ahora construidas. Más adelante volveré sobre este aspecto específico.

Este planteamiento de la victimización resulta ser la contracara de la noción de que vivimos en un contexto patriarcal que produce un conjunto de privilegios que favorecen las experiencias de vida de los varones. Resulta difícil sostener la noción de “caída del patriarcado” y de la existencia de una “liberación sexual” por el hecho de que en las últimas décadas se hayan generado cuestionamientos y modificaciones a las racionalidades que se sostienen en dicho patriarcado[xiii]. No pretendo negar que estas interrogantes críticas tengan expresiones concretas, pero lo que sí se puede debatir es que los cambios que las han acompañado permitan dar por cumplida una tarea que requiere de transformaciones de profunda complejidad en nuestras sociedades, culturas, estilos de relación, imaginarios, etc. Más bien lo que se observa es que junto a dichos cambios, también han emergido actualizaciones y mutaciones de los modos de expresión de la condición patriarcal de nuestras sociedades, que muestran la resistencia con que esta matriz socio-cultural –por supuesto los sujetos y sujetas que la verifican cotidianamente- logra sostenerse. De esta forma, los privilegios que señalábamos para los varones y que se sustentan en esta matriz, también se han actualizado para reproducirse cotidianamente en contextos de capitalismo tardío, economías de mercado con ideología neoliberal.

Vale decir, a la existencia de privilegios se le está comenzando a oponer un discurso de dificultades–dolores que tendrían los jóvenes en sus procesos de constituirse como varones. Podemos hipotetizar la existencia de una racionalidad conservadora que busca generar una compensación-equilibrio en las tensiones de poder dominante. De modo similar a como se ha producido el discurso de los deberes en cualquier ámbito de vida, como contra cara de la existencia y exigencia del respeto de derechos. Desde este axioma se plantea por ejemplo, que si las y los jóvenes quieren respeto de sus derechos en sus comunidades educativas, primeramente debieran cumplir con sus deberes, y solo así estarían en condiciones de exigir dicho respeto. Así, derechos de las y los jóvenes terminan siendo una concesión-retribución que los mundos adultos les otorgan si es que han cumplido con aquello que éstos les exigen.

En este proceso de desmarcarse de la condición de privilegiado aprendiendo un discurso de disculpa y victimización resulta válida la pregunta respecto de “¿por qué habría que cambiar?, si todos somos víctimas” (Álvaro): a todas y todos nos genera problemas este modo de relacionarnos, por lo tanto la exigencia debe ser para todos y todas, algo así como “ley pareja no es dura”.

Lo que sigue es interrogarnos por los procesos de cambio que se han pretendido gatillar en las y los jóvenes. Cuestionarnos por aquello que se ha planteado como alternativo a estas situaciones de patriarcado que se reproducen desde las experiencias de los jóvenes. ¿Qué ha cambiado de las realidades juveniles a partir de los procesos de trabajo con jóvenes varones en experiencias educativas con perspectiva de género o de formación en masculinidades con enfoque de género? ¿Qué desafíos surgen para la acción política con perspectiva de género o de generación? En adelante abordaremos estas cuestiones.

Autocríticas para comenzar a perder privilegios

En este momento de la reflexión sugiero un ejercicio autocrítico que intente relevar aquellos aspectos que aparecen debilitados en las acciones que buscan debatir las condiciones patriarcales en nuestras sociedades, y que al mismo tiempo, se proponen tensionar la construcción de masculinidades reproductoras de dicho patriarcado. Junto a ello se hace necesario enfatizar aquellos aspectos que han permitido la visibilidad de estas propuestas y lo que podríamos considerar la existencia de esta nueva forma de lucha social, toda vez que se trata, a mi juicio, de una nueva causa de activación social: hombres luchando por relaciones equitativas de género.

Una de las principales debilidades constatadas en la acción con varones, muestra que los discursos que se pretenden críticos a los modos patriarcales de relaciones sociales, desde la pregunta por las masculinidades ahí construidas, no han sido suficientemente claros en proponer o al menos polemizar sobre las oportunidades o posibilidades que para los varones se abren si dichos modos patriarcales (sexistas, machistas) fueran transformados en perspectivas de equidad de género: “yo con el taller me fui sintiendo más y más culpable…, no veía por dónde íbamos a seguir” (Pedro). La tendencia ha sido quedarse en el diagnóstico y la queja de la situación de los varones –respecto de las reproducciones de los mandatos patriarcales- y no necesariamente incorporar aspectos referidos a las posibilidades de alternativas que ya se han comenzado a experimentar o aquellas que se propone se podrían construir: “como que quedó claro lo malo que hacemos, pero cuando alguien preguntó ‘y ahora qué’… quedamos todos mirándonos…” (Álvaro)[xiv].

Se vincula con lo anterior, que después de al menos tres décadas en que la perspectiva de género se ha instalado en Chile, ésta sigue siendo reducida a la situación de las mujeres. Si bien ello muestra una debilidad en la conceptualización misma de género, desde la autocrítica que elaboro, me parece que evidencia una cierta reducción de la mirada sobre la lucha de los hombres.

Por una parte, se señalan las temáticas sobre situaciones y condiciones de vida de los hombres enfatizando en el carácter dominador que los varones tienen, pero alojados en una noción de masculinidad que no necesariamente es relacional y por lo tanto no considera el enfoque de género. Pareciera entonces que lo que le ocurre a los varones se comprende en sí mismo o que posee suficiencia explicativa, tal que aquello que les ocurre a las mujeres de su entorno, a otros hombres y al medio en que actúan no fuera pertinente de considerar. Junto a ello, se evitan las contextualizaciones de estas masculinidades en los entornos locales, nacionales y mundiales, que despliegan fuerzas que inciden en cómo estos sujetos se desarrollan.

Por otra parte, evidencia la poca fuerza política con que esta lucha se ha planteado, dado que no se le otorga ese carácter y al evitar las condiciones relacionales que la constituyen, ella misma queda en una deriva que redunda en superficialidad y ensimismamiento, más que en activación y movilización social.

En tanto, la política pública para jóvenes en Chile reproduce esa misma lógica de reducción, ya que por ejemplo la asociación primera que se hace de masculinidades es violencias, y por lo tanto al hablar de masculinidades en jóvenes se habla inmediatamente del tema de la agresividad y los conflictos violentos, lo cual se explicaría por esta condición de género masculino y por su condición de jóvenes[xv].

De esta forma, las posibles agendas a elaborar, sobre los aspectos a abordar en procesos con varones jóvenes o con jóvenes en global, tiende a construirse desde estas reducciones en las miradas que inciden en los campos de sus cotidianidades, así como en los métodos con que se trabaja. Si se sigue concibiendo a las masculinidades como acciones de conquista y demostración de fuerza, ello incide marcando la orientación tradicional en la implementación de programas que pretenden inhibir dicho ejercicio, tendiendo más a la reproducción que al cambio.

Otro aspecto que ha surgido en el trabajo con varones jóvenes, en relación con el campo de la militancia feminista, muestra que es posible encontrase con algunas compañeras que miran con desconfianza la participación de hombres militantes en espacios públicos que podrían ser compartidos, e incluso algunas expresan desprecio hasta la exclusión.

Lo que se plantea en este texto no es una queja sin más, los varones hemos sido parte de los dominadores por siglos y milenios, ellas están devolviendo el malestar que producen los privilegios que se han mencionado antes. La interrogante que surge apunta a ¿cuáles han sido las estrategias que han usado varones sensibilizados y activados en cuestiones de género para construir esta articulación con mujeres y con organizaciones de mujeres? Las experiencias debatidas con varones perteneciente a grupos que abordan masculinidades y género, muestran que sólo en algunas de estas organizaciones se trabaja con nociones de colaboración o solidaridad organizacional con mujeres y que en esos casos sus buenas prácticas al respecto les han dado réditos interesantes en términos de impacto político: “tenemos mujeres aliadas con las que nos ponemos de acuerdo en qué hacer” (Pablo).

En otras experiencias en tanto, no existe reflexión en torno a posibles articulaciones con las organizaciones de mujeres, lo que junto a quienes las excluyen como posibilidad de articulación, refuerzan la noción antes debatida sobre una concepción de la lucha de los varones que no incorpora perspectivas relacionales de género ni de masculinidad: “no nos hemos planteado trabajar con ellas” (Luis); “creo que no sabríamos como hacerlo” (Pedro).

Otra de las tensiones que existen para llevar adelante estos procesos es que se suele asumir como dado el cambio y la transformación, como si modificar las situaciones socialmente producidas –algunas de las cuales aquí se han analizado- fuera obra de un ente mágico en el que los seres humanos poco o nada tuvieran que decir. De esta manera se desconoce la profundidad y el carácter estructurante de la socialización patriarcal[xvi]. Pareciera que basta con decir que existen las relaciones de dominación de género, para que se activen dispositivos de cambio: “me iba quedando en claro cuestiones que nunca había visto, no me daba cuenta, pero no sabía qué hacer ahora” (Álvaro); “¿cómo seguir después de ese diagnóstico?, pa’ peor somos culpables” (Pedro).

Por ello es relevante reflexionar sobre cómo se historizan estos procesos de cambio y en el mismo movimiento cómo se desnaturalizan sus diversos trayectos y logros. En el pensamiento acrítico –subordinado diría Freire[xvii]– se tiende a concebir los problemas y conflictos sociales como dados o naturalmente producidos; de manera similar, en el planteamiento de alternativas de acción transformadora esa misma racionalidad aparece con fuerza. Una debilidad ha sido no desplegar estrategias que apoyen y acompañen a quienes comienzan a darse cuenta de las condiciones de dominación en que participan. Por esto se hace necesario debatir las nociones que asumen las posibilidades de transformación como un hecho o proceso dado, normativo, que no permite oportunidades para apelar a la voluntad de los sujetos por desplegar acción política de manera comprometida.

Si las ideas aquí planteadas fueran pertinentes, las y los jóvenes insisten en su pregunta: ¿por qué cambiar? En un escenario de tensiones y conflictos, de perspectivas de poder en pugna y en intentos básicos de colaboración, de búsquedas e incertezas, la interrogante que hemos venido analizando releva otro ámbito de interés para la acción política con jóvenes: no está claro hacia dónde cambiar, no hay referencias de alternativas diáfanas que señalen ciertos horizontes mínimos, no hay pistas orientadoras sobre lo que se busca y se quiere construir. En ese proceso ya no sólo el por qué y hacia dónde son interrogantes válidas, sino que también ahora el ¿para qué?, es decir ¿en qué me beneficia?, ¿qué me aporta este cambio?, ¿cómo cambia nuestra sociedad con estos cambios?

No pretendemos proponer que haya que decirles a los varones jóvenes cómo cambiar ni por qué cambiar, seduce más la posibilidad política de construir con ellos –y de acuerdo con el tipo de proceso, también con ellas- para que desde sus condiciones generacionales específicas propongan alternativas de cambio, nuevos modos de relaciones, nuevos modos para enfrentar el empobrecimiento y la exclusión social.

Para ello habría que generar procesos políticamente novedosos, que promuevan el habla y la risa, el baile y el juego, la colaboración y la solidaridad, que sean ya parte de la necesaria resocialización de género y también de generación, esto último en tanto los adultos y adultas que promovemos dichos procesos deberían dejarse interpelar por sus novedades y sus apuestas.

Desafíos desde experiencias de educación popular.

A continuación, planteo algunas pistas orientadoras, desde experiencias de educación popular, como desafíos que pueden aportar a la profundización de estos procesos de concienciación con varones jóvenes. Al decir concienciación pretendo enfatizar en la necesidad de facilitar procesos que permitan a los varones jóvenes la comprensión historizada –desnaturalizada- de las situaciones que experimentan en sus vidas y en las vidas de sus comunidades.

En el ámbito de estrategias de acción –lo que queremos lograr y cómo hacer para lograrlo- resulta importante plantearse que un momento vital es el de desplegar procesos con jóvenes que les permitan descubrir por qué cambiar y cuáles son los contenidos que ellos –y ellas- le otorgan a este cambio, cómo lo caracterizan y qué identidad proponen que adquiera. Un paso fundante en esa identidad a producir es develar críticamente las condiciones sociales que originan las relaciones asimétricas sostenidas en el patriarcado, así como las situaciones que en tanto varones viven en ellas, dentro de lo cual -en coherencia con lo señalado antes en este texto- se vuelve importante discutir los privilegios sociales como posibles expresiones y materializaciones de dominación de género y discutir los procesos de victimización masculina como una fórmula que permite la evasión de las responsabilidades que implica hacerse parte –integrarse- a estos privilegios y no cuestionarlos.

Un ámbito vital es que se debata en torno a la necesaria transformación de las relaciones de poder dominante impuestas en contextos patriarcales, con un cierto horizonte que se abra a los modos alternativos que se pretenden construir. Los varones logran, en las experiencias observadas, “darse cuenta” del carácter que asumen sus relaciones cotidianas, no necesariamente acompañan ese descubrimiento con el planteo de acciones alternativas. Por ello se requiere desplegar procesos que permitan la activación como parte constitutiva de ese “darse cuenta” y como expresión de la concienciación señalada, en pos de construir relaciones de poder liberador.

Otro ámbito refiere a la necesidad de “poner el cuerpo en juego”, como posibilidad y desafío de abordaje corporizado, sensitivo y situado de diversos tópicos conversacionales vinculados a las masculinidades. Cada vez se releva más como fundante de la construcción de identidades de género y en específico de las identidades masculinas la incorporación de las dimensiones corporales en las experiencias de los sujetos jóvenes, como parte de sus procesos de recuperación de sus cuerpos enajenados[xviii].

Las experiencias hasta ahora sistematizadas, muestran que momentos claves en estos procesos son aquellos que apuntan a la resocialización de los varones jóvenes. Vale decir, se trata de combatir la hegemonía tradicional patriarcal y también adultocéntrica, con estilos de relaciones, imaginarios, lenguajes y una ética que apunten a construir sentidos mentados contrarios a los anteriores y cuyo eje central promueva equidad de género. A partir de cada experiencia, esta búsqueda adquirirá caracteres específicos que aportarán ciertos énfasis así como novedades, permitiendo la emergencia de diversidades que contengan la pluralidad entre varones, que comparten su condición de jóvenes de sectores empobrecidos, pero que se diversifican en tanto se consideren al menos, sus orientaciones-opciones sexuales, adscripciones (contra) culturales y religiosas, posición en la estructura productiva, y sus trayectorias de vida.

Lo anterior, según las experiencias observadas, se profundiza y consolida en la medida en que se enfrenta proactivamente la matriz sociocultural del adultocentrismo[xix]: ella impone el accionar para o por los jóvenes, les invisibiliza y niega como actores relevantes en los procesos políticos en que se ven involucrados, quedan relegados a posiciones de beneficiarios del quehacer de otros. Este enfrentamiento exige que los jóvenes se constituyan como protagonistas de los procesos desplegados, lo cual permite co-construir con ellos, les reconoce actoría y se instituyen como gestores de sus propios procesos de crítica y cambio personal y colectivo[xx].

En procesos de ese tipo, la evidencia muestra que estrategias político educativas como la educación popular, pueden ser de alto impacto. Algunos de sus aspectos claves son: partir desde las experiencias de vida de las y los jóvenes, para construir colectivamente conocimiento desde su reflexión crítica, y plantearse aprendizajes para aportar en la transformación de sus realidades.

En esta lógica de educación popular, utilizando los conceptos Freirianos, se trataría de producir conciencia con los jóvenes sobre las condiciones de exclusión y de dominación de que son víctimas, pero no como argumento para la evasión –compensación de privilegios-, sino como gatillador de acciones conjuntas con otros y otras. De igual manera estos procesos pueden producir conciencia respecto de las oportunidades que se abren para los varones, para liberarse de aquellas formas de dominación que reproducen día a día y noche a noche.

Bibliografía

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[1] Publicado en: Revista de Estudios “de Juventud”. N° 95. Instituto Nacional de Juventud de España. Madrid. 2011. Páginas 45-57.

[i] Aguilera O. (2010; 82). Oscar utiliza la noción de movidas para referirse a que “en Latinoamérica, remite a un conjunto de significados asociados con la diversión, la conspiración (cons-pirar, respirar juntos, según el latín) y participar de acciones que muchas veces pueden no ser legítimas o legales. Remite a un conjunto de acciones que se desarrollan individual o colectivamente, pero que siempre refieren algún grado de cercanía, confianza o amistad. Llevado al plano colectivo, lo que distingue a las movidas de otros tipos de acción juvenil es su carácter informal, no estructurado o con escasa participación de grupos organizados”.

[ii] Mills W. (1959).

[iii] Una interesante discusión se encuentra en Muñoz V. (2004)

[iv] Duarte K. (2009).

[v] Se diferencia de lo anterior la noción de ser buen hombre, que remite a las búsquedas de masculinidades equitativas, a las experiencias de masculinidades no patriarcales. (Duarte, 1999)

[vi] Duarte K. (1999).

[vii] Es importante considerar que género, como perspectiva de análisis, pocas veces es referido a las relaciones de homosociabilidad y en el caso de masculinidad(es), ella muchas veces es reducida sólo a las relaciones con las mujeres quedando excluidas de la observación las relaciones consigo mismo, con otros varones y con el medio social. Kaufman M. (1989); Duarte K. (1999).

[viii] Salas J. (1996); Duarte K. (1999).

[ix] Fuller N. (2002).

[x] Duarte K. (2006a).

[xi] Duarte K. (1999).

[xii] Bourdieu P. (2007).

[xiii] Castells M. (1998).

[xiv] Pueden destacarse en la línea de construcción de alternativas algunas experiencias en Centroamérica que han puesto énfasis en lo colaborativo como matriz de nuevas formas de relación desde los varones y las han incorporado como clave para enfrentar situaciones de violencia y maltrato en las familias, en las relaciones de homosociabilidad, y también en aspectos como la economía local. Son referencia en experiencias de este tipo lo que el Centro Bartolomé de las Casas ha desplegado en El Salvador. Ver http://centrolascasas.blogspot.com/ (Fecha de visita: 14 de mayo 2011).

[xv] Instituto Nacional de la Juventud (2001); Servicio Nacional de la Mujer/ Universidad de Chile (2001).

[xvi] Bourdieu P. (2007).

[xvii] Freire P. (2005).

[xviii] Duarte K. (2006a).

[xix] Duarte K. (2006c).

[xx] Duarte K. (2006b).